Deposición de Manuel de Quesada

" El General Manuel de Quesada, General en Jefe del Ejercito, desde la Constitución del Gobierno en Guaimaró, había quedado unido a Céspedes en afín parentesco desde el 4 de Noviembre de 1869: el Presidente contrajo segundas nupcias ese día con su hermana Ana de Quesada y Loynaz. Quesada era hombre de temperamento fuerte, de apuesta figura y de masculino continente. Como militar, en Méjico había hecho armas victoriosamente contra los franceses invasores. Se le tacha de aventurero y de ser una especie de condottiero. Sin embargo, tiene ganada cierta aureola entre los revolucionarios por haber conducido felizmente a las costas de Cuba, desde Nassau, la expedición del "Galvanic". Además de haber traido armas y municiones, con lo que aseguró la existencia de la Revolución, con su caracter campechano y sus relatos de Méjico ha sabido ganarse la simpatía del grupo de intelectuales y de estudiantes habaneros, que, tan pronto supieron la llamada de Céspedes en Yara, se trasladaron al extranjero para venir a los campos de Cuba en la primera oportunidad.

 

La conducta del General en Jefe en el desempeño de su cargo no se ha atemperado al cumplimiento estricto de las leyes dictadas por la Cámara sobre la organización militar de la República. Su manera de actuar en todos sentidos no satisface a quienes tienen que tratar con él. Desde hace tiempo se le acusa de querer gobernar a su antojo en la jurisdicción del Camagüey. Además, su prestigio como militar, ha descendido después de los hechos de guerra en que ha tomado parte.

 

El 10 de Diciembre de 1869 varios ciudadanos dirigen a la Cámara una extensa exposición. Hablan de los actos ileales del General en Jefe. Dicen que hace unos días este aprisionó a un ciudadano porque su opinión no le era favorable. Lo acusan de no haber organizado al Ejercito. Piden que la Cámara, en uso del legitimo derecho de que está investida, proceda inmediatamente a la deposición de Quesada de su cargo. La Cámara recibe otra exposición firmada por jefes, oficiales y soldados del Ejercito Libertador con idéntica solicitud. Se alega en esta la incapacidad comprobada del General en Jefe.

 

Sabedor el General Quesada de los rumores acerca de la deposición solicitada, convoca a una reunión de jefes militares para la finca "El Horcón de Najaza", de Ignacio Mora. Se celebra el 15 de Diciembre. A ella asiste el General Ignacio Agramonte, quien, desconociendo las intenciones de Quesada, apoya a éste en su solicitud de más independencia y mayor iniciativa para el poder militar. Al día siuiente, Quesada propicia otra reunión en el mismo lugar, a la que asisten tambien vario miembros de la Cámara. Envalentonado por el triunfo del día anterior, se cree dueño dueño de la situación y pide nada menos que todas las facultades de la dictadura. Rafael Morales, Agramonte y otros diputados toman la defensa de la Cámara con vehemencia. Tal medida equivaldría a derogar el sistema democrático implantado en Guaimaró. Quesada sostiene que la rapidez, la energía y la oportunidad de las resoluciones son incompatibles con las intrigas y combinaciones del Poder Legislativo. Dice qe la patria no necesita discursos ni sabias leyes, si no soldados, fusiles y disciplina. En resumen, sin ambajes, estima que debe implantarse una Dictadura.

 

Agramonte, sorprendido, desaprueba la conducta del General en Jefe. Desde este momento la suerte de Quesada esta decidida. Terminada la junta, la Cámara, que continua en Palo Quemado, el mismo día 16, en sesión extraordinaria, que preside Cisneros, aprueba la proposición de Zambrana y de otros diputados, y Quesada queda depuesto por aclamación. En el mismo instante en que se termina la sesión, llega a la residencia de la Cámara un ayudante de Quesada con la renuncia de éste. La Cámara reanuda la sesión y ratifica su resolución con gráfica frase: "depuesto por aclamación".

 

La noticia, sumamente desagradable, le es comunicada oficialmente a Quesada por medio del diputado Morales, designado al efecto por la Cámara. Entre los partidarios del General, que siempre los tienen los que mandan, uno de los más adictos se expresa así:

 

--General, ¿quiere usted que los colgemos de los faroles a esos chiquillos representantes?. Una palabra, y mañana aparecen colgados en el jardín, en esas matas de naranjo.

 

El General Quesada, dando muestras de gran serenidad, se sonrie, y le contesta:

 

--Despacito. Guarde usted todo ese entusiasmo para combatir a los azules. Nosotros debemos acatar las leyes que nos hemos dado.

 

El Presidente acepta sin reparo alguno la deposición de su cuñado. Al día siguiente, 17, el también está con la Cámara. Hace cuanto le es posible durante varios días para obtener que se revoque el acuerdo. No lo consigue. Acata los hechos consumados. Su actitud es elogiada por todos. Sin embargo, poco después se critica su medida de enviar al mismo funcionario, depuesto por un motivo que se supone deshonroso, con una misión oficial a los Estados Unidos. Al despedirse Quesada del Presidente, lo hace con palabras que impresionan al Caudillo:

 

--Tenga usted entendido Ciudadano Presidente, que desde hoy mismo comenzarán los trabajos para la deposición de Usted."

 

 

(Biografía de la Cámara de la Guerra Grande, Academia de la Historia de Cuba 1945 pag. 21-23)