La Idea, revista de Instrucción Pública

Indudablemente que son de encomiarse los esfuerzos que cada día hace el Gobierno para derramar la luz de la enseñanza popular. Las Escuelas elementales que se han creado en todas las localidades de esta Isla, donde existen Municipios: las lecciones nocturnas quo se han establecido en algunos Liceos y Academias, donde acuden á recibir el alimento intelectual los artesanos y los obreros; la publicación de esta Revista, donde tenemos la honra de escribir por primera vez, dedicada solamente á darle impulso á todo lo concerniente á un ramo de tanta importancia para el porvenir de Cuba, son una prueba patente, de que tanto el Gobierno, como los Municipios y algunos particulares han puesto todo su ahinco y todo su entusiasmo patrio, en desarrollar entre nosotros, ese elemento civilizador llamado instrucción pública, que insensiblemente va inculcando en el corazón de los pueblos, ese amor al orden, á la paz y al trabajo, de que están excluidos los que viven en el mundo sin saber como viven.

 

Por todas partes se piensan y se discuten los medios de arrancar de entre las tinieblas de la ignorancia, ese gran número de criaturas inocentes que hoy caminan á oscuras por el sendero de la vida, y que mañana pueden extraviarse por falta de educación entre el laberinto de las pasiones y de los vicios; por muchas partes del Universo se alza la bandera de la instrucción, como un signo brillante de paz, y de progreso, á cuya sombra pueden agrupárselas nobilísimas aspiraciones de los pueblos; por todas partes la tribuna del Maestro es mirada con respeto y veneración, pero en medio de ese movimiento intelectual que caracteriza á nuestro siglo—doloroso es decirlo—aun no hemos alcanzado gran cosa nosotros en la materia que nos ocupa. Un gran número de niños existe todavía en nuestro país, que no alcanzan el beneficio de la instrucción, sin embargo de los sacrificios que se hacen para derramarla. Dirán algunos que los padres de familia tienen la culpa de semejante abandono, que escuelas hay por todas partes donde se da gratis la instrucción; pero nosotros negamos semejante consecuencia y decimos que no hay suficientes escuelas todavía, y que las que se han establecido, no reúnen las condiciones indispensables para atraer un gran número de educandos: trataremos de probarlo.

 

A las Escuelas elementales que existen hoy en todas las cabeceras de la Isla y que son las que por sus condiciones especiales deberían estar llamadas á prestar los mayores servicios á la enseñanza popular, no concurren hoy mas que aquellos niños que por la posición de sus padres ó tutores, pueden concurrir á las clases, desde las seis de la mañana hasta las cuatro ó las cinco de la tarde, los que en su casa tienen que hacer el mandado indispensable á la madre que no tiene otra persona que se lo haga; los que se encuentran sin ropas suficientes y sin libros y no tienen seguridad de almorzar á la hora que demarca la escuela; los que tienen unos padres que se avergüenzan, como es natural, de mandarlos rotos y descosidos, á. un establecimiento público de educación, que está por lo regular situado.en un barrio decente, y donde reina el aseo y hay otros niños acomodados que muy bien pueden burlarse de su pobreza, esos, no pueden concurrir á las Escuelas, y los privan sus padres del alimento intelectual, por no poner en evidencia su miseria, ante la burla y el escarnio de un centenar centenar de niños mimados por la fortuna.

 

Preocupaciones serán éstas dignas de censura; pero que es imposible arrancar del corazón de la mayor parte de los padres de familia. Nosotros no las censuramos ni las aplaudimos, lo que hacemos es deplorarlas, buscando el medio de hermanarlas con un sistema de enseñanza, que este mas en armonía con la índole de nuestra sociedad. No somos de los que creemos que los medios coercitivos, son los mas a propósito, para obligar á esos padres á mandar sus hijos á las Escuelas gratuitas en cualesquier estado en que se hallen, respecto á vestidos y alimentación; pensamos por el contrario, que eso daría resultados contraproducentes al fin que se propone el Gobierno; en el ejemplo, en la persuacion y en la facilidad de mandarlos á un establecimiento de enseñanza sin pena ni sacrificio alguno, es donde vemos la seguridad, de que no se priven de los beneficios de la instrucción.

 

Si aparte de las Escuelas elementales, se establecieran Escuelas incompletas en los barrios mas pobres de las cabeceras, donde los niños concurrieran á dar clase, desdo las diez de la mañana hasta las dos de la tarde vestidos del modo que pudieran y hasta descalzos si no tenian zapatos; si se les facilitaran libros y se les dispensara la falta de asistencia de uno ó mas días; si los Maestros no atendieran á clases ni condiciones y enseñaran al blanco lo mismo que al moreno; entonces en esa comunidad de niños pobres y mal vestidos, no existiría la envidia ni la vergüenza de los padres de .verlos sucios y descosidos, al lado de otros niños aseados y mimados por la fortuna; entonces irían á las Escuelas llenos de alegría, porque siempre se va con placer, allí donde encuentra uno iguales que no forman contraste con su posición; y entonces—por no entrar en mas consideraciones—adquiriría un ensanche prodijioso la enseñanza popular, y el alimento intelectual, no seria solamente el pan saludable de los niños felices; sino que nutriría la masa del pueblo, y destruiría en el cuerpo social, esas llagas que forma la ignorancia, v que ocupan constantemente la atención de todos los Gobiernos y de todos los hombres que se desvelan buscando la felicidad universal.

 

Este es el único medio que, creemos daria los mejores resultados en las cabeceras: vale mas que haya muchos niños que sepan leer malamente, que no una pequeña parte que lo haga con perfección. Ahora, si fijamos la vista en nuestros campos, el problema nos parece mas difícil y menos atendido.

 

Se han fijado algunas Escuelas en muchos Caseríos de nuestros partidos rurales: examinemos la utilidad que pueden prestar esas Escuelas. Desde luego se comprende que no pueden ser muchas; son como una pequeña luz que alumbra un pequeño radio; lo demás está en tinieblas; algunos la ven, no le huyen; pero no pueden acercarse á gozar de su esplendor. ¡Dichosos los que gozan de sus rayos! Esos alcanzarán el alimento del espíritu, tan necesario á la vida del hombre como el del cuerpo.

 

El espacio es muy grande para que esa pequeña luz pueda prestar sus inapreciables servicios. ¿Cómo es posible que los niños que viven á una ó mas leguas de distancia concurran á esas Escuelas! ¿Pueden hacerlo á pié sin perder la mayor parte del día en idas y vueltas? ¿Pueden hacerlo á caballo sin que el Maestro facilite donde sostener las cabalgaduras en las horas de clase? Y dado caso que el Maestro se preste á ello, ¿tendrán todos los niños facilidad de conseguir un caballo? Y dado caso que la tengan, ¿podrán disponer de todo el dia para concurrir á la Escuela, sin perjuicios de sus padres que no los han criado solamente para aprender á leer y escribir; sino para que les ayuden en sus faenas campestres, aprendiendo do ese modo á trabajar? Preguntas son estas que se prestan á muchas consideraciones qué, por no alargar mas este escrito, dejamos al buen juicio del lector. No es posible que esas Escuelas den muy buenos resultados en los campos de nuestra Isla. Es indudable que darán algunos, pero tan escasos, tan insignificantes, que no compensan inmediatamente Ios sacrificios que diariamente se hacen en beneficio de la instrucción.

 

Si todos los Ayuntamientos tuvieran recursos para proceder como el de Colon, ya la cosa variaría de aspecto: entonces en vez de ser una pequeña luz la que alumbrara cada uno de nuestros partidos rurales, serian muchas fijas en cada uno de sus cuartones;ydesde luego, es indudable, que una luz aquí y otra allí por pequeñas que sean, al fin alumbran un gran espacio; pero eso no es posible, si atendemos á los fondos de que disponen nuestros Municipios: no todas las jurisdicciones son como las de Colon. Ahora siguiendo la metáfora de la luz, diremos, que con unos centenares podría irse iluminando una gran parte de la Isla: bastaría llevarla en la mano al domicilio de los necesitados; pero ese sistema de enseñanza, ha sido desechado por el Gobierno Superior, después de haberse discutido mucho en la Capital, y como nosotros acatamos y respetamos todas las resoluciones gubernamentales, desde luego no queremos ocuparnos de él, bastándonos haber hecho lo que hemos podido, para probar, que los padres de familia no tienen la culpa de que sus hijos no concurran á las Escuelas que se hayan establecidas actualmente, y que éstas, no reúnen las condiciones indispensables para atraer un gran número de educandos.

 

Bayamo Julio 29 de 1866.

F.Fornaris y Céspedes.

 

 

"LA INSTRUCCION OBLIGATORIA"

 

"Tiempo hace ya que viene debatiéndose en esta Isla la importante cuestión de la "Enseñanza obligatoria. Los que se inclinan á que se ponga en planta entre nosotros no han presentado todavía otros argumentos para encomiarla, que los mismos de que se ha echado mano en otras partes para recomendar su adopción. Para ello basta que se imponga una multa ó una correc cion á los padres de familia negligentes en mandar sus hijos á las escuelas, para que quede resuelto el dificilísimo pnblema de la enseñanza popular. Fundados en la obligación que tiene el padre de educar á sus hijos y en la necesidad en que se haya la sociedad de hacer cumplir esa obligación, caso de que no sea debidamente cumplida, se empeñan en demostrar el derecho que tiene esa misma sociedad para imponer un castigo á las cabezas de familia, que, por incuria ó abandono, privan sus hijos del alimento intelectual. En Prusia, en Suiza, en algunos Estados de la Union Americana y en otras muchas partes del Universo, nos dicen, ha dado y está dando a ''Instrucción obligatoria" loa mejores resultados ¿por qué pues no los ha de dar también en nuestro país? ¿De qué sirven los medios persuasivos para atraer hacia las escuelas un gran número de educandos si esos medios se estrellan contra la ignorancia de la mayor parte de los padres de familia que no ven en la instrucción ningún bien para sus hijos? lío hay otro remedio, pues, sino emplear la corrección legal para que la generalidad de los niños alcance el beneficio de la instrucción; no hay otro sistema mas eficaz ni mas á propósito que el obligatorio, para que las escuelas se vean atestadas de alumnos de todas clases y condiciones.

 

Hé aquí como se expresan comúnmente los partidarios del sístema de ensañanza represivo, que en todo quisieran ver la mano centralizadora de los poderes gubernamentales, enredando mas madeja de las disposiciones fiscales para ponerle obstaculos a la instrucción, que no debe basarse en otra cosa, sino en un sistema benéfico en armonía con el espíritu del siglo, sistema que facilita todos los me ios in dispensables, para que los padres de familia que no cuenten con los recursos suficientes con que poder dar á sus hijos la educación intelectual, encuentren en as escuelas gratuitas los libros necesarios para que estudien, y maestros solícitos y complacientes que los acojan con el amor que inspira la caridad cristiana. Nosotros creemos que no debe ya perderse tiempo en discutir, si la sociedad ó sus delegados obrarían ó no con justicia al imponer una corrección al padre de familia reacio en mandar sus hijos á la escuela. Por importante que sea esta cuestión en el campo de los derechos del ciudadano, por mucho que apreciemos la libertad individual y la inviolabilidad del hogar de la familia, amamos mucho mas la instrucción, para que nos detuviéramos en esos obstáculos, dado caso que el sistema de enseñanza que combatimos, no encontrara otros por resolver de una manera satisfactoria el problema de la instrucción popular; pero nosotros no creemos que estriba en esto el verdadero punto de la cuestión; donde vemos la gran dificultad es, en que los medios coercitivos que tanto recomiendan nuestros adversarios, sean eficaces y produzcan el resultado que se desea, después de sacrificar á ellos la tranquilidad y la independecia de la acción paternal Por eso desearíamos que los partidarios del sistema obligatorio emplearan toda su dialéctica en evidenciarnos las ventajas inmediatas del referido sistema, y no en pintarnos con los mas negros colores, la incuria y el abandono de los padres de familia, á quienes la suerte no ha proporcionado los medios suficientes para educar sus hijos.

 

Hecha esta especie de introducción, examinemos ahora el sistema obligatorio de enseñanza llevado al terreno de la práctica. Demos de caso que se establezca y que se proceda desde luego á obligar á los padres negligentes en .mandar sus hijos á las Escuelas. ¿Qué harían los Ayuntamientos ante un padre que manifestase no tener recursos con que poder cumplir la obligación impuesta por la nueva ley? ¿Se le impondría una multa por primera vez y si reincidía, otra mayor, ó reconocida que fuese su pobreza se le absolvería de la culpa? De cualquier modo que se resolviera la cuestión no por eso se lograría que el culpable adquiriese los medios de que carece para llenar esa obligación, y sus hijos quedarían siempre sumidos en la ignorancia, menos que los municipios no se hicieran cargo de ellos para educarlos por su cuenta, en establecimientos creados al efecto, con dotación suficiente para atender á las necesidades de los alumnos internos. Esto tendría algún parecido con las leyes espartanas, aparte de los grandes costos que se tendrían que hacer por la comunidad par sostener Escuelas de esa clase. Y no se nos diga que esos casos serian raros. La pobreza, por no decir la miseria de la mayor parte de los padres de familia, es notoria para que sea desconocida por los que se ocupan de las cuestiones sociales. Las clases acomodadas de la Sociedad no necesitan que se les impulse hacia el lugar donde puedan instruirse sus hijos; la instrucción es una luz que atrae hasta á los ciegos; y sus beneficios los reconoce todo el mundo.

 

Nada, pues, se adelantaría con imporner multas y correcciones para que las Escuelas se vieran llenas de alumnos, cuando con ellos no puede sacarse "fuerzas de flaqueza" como vulgarmente se dice. Si el objeto del sistema de enseñanza obligatorio es el lograr el derrame de la instrucción por medios represivos, puesto que sus partidarios creen que nada se logra con otros, para nosotros mas eficaces y mas en armonía con la época que atravesamos, y si las correcciones y las multas, como ya dejamos demostrado, no consiguen otra cosa que molestar al ciudadano pacífico, que no tiene culpa de ser pobre y de que Dios le haya colmado de familia ¿cual es entonces la eficacia del sistema de enseñanza obligatoria?.

 

Se nos dirá que exajeramos mucho, que tan luego como se estiiblezca el referido sistema, el temor hará que los padres de familia se apresuren á mandar sus hijos á las Escuelas, antes que se les imponga multas y correcciones. Eso se nos dirá; pero de todos modos, tendrían que hacerse efectivos los castigos; porque el temor no tiene fuerza suficiente para impulsar á nadie á cumplir una obligacion cuando faltan los medios indispensables para cumplirla.

 

De nada sirve, pues, el siste ma obligatorio de enseñanza para ensanchar el campo de la instrucción, cuando toda su eficacia no consiste sino en el empleo de los medios coercitivos; examinemos ahora las ventajas de los medios persuasivos que actualmente se emplean en este país para estimular el interés de los padres de familia, respecto á la educación de sus hijos.

 

Desde luego haremos notar que son tambien ineficaces, no por la insuficiencia de de la acción moral, como ha consignado D. J.R. de Villalon en un artículo reciente que publicó en este mismo periódico, porque la acción moral basta y sobra cuando se emplea diréctamente, si no porque la voz del periodista y demás escritores que se ocupan de la instrucción pública, no llega a los oidos de la generalidad de los padres de familia que no leen los periodicos ni tienen con que suscribirse á ellos. Mucha ajitación y mucho movimiento intelectual entre las clases ilustradas de la sociedad y un silencia y una inercia completa entre las clases que necesitan instruirse, que es lo que se nota en nuestro país. ¿De que se sirven pués los artículos y las discusiones que diariamente se imprimen en nuestras prensas para estimular el entusiasmo por la instrucción, entre una clase que no los lee y que tal vez no tiene noticias de semejante esfuerzo de la inteligencia?.

 

Para nosotros el verdadero estímulo consiste en fundar Escuelas, donde los padres de familia puedan mandar sus hijos á estudiar sin que por ello sufran pena ni sacrificio alguno; en establecer lecciones dominicales en toda clase de institutos públicos para que los adultos que no saben leer ni escribir aprendan a dar los primeros pasos en el ameno cuanto saludable campo del estudio, escojer Maestros que sepan con su deber, que establezcan una verdadera propaganda en favor de la enseñanza, de quien son unos verdaderos sacerdotes, en no omitir gastos para levantar la bandera de la instrucción donde quiera que se levante un grupo de habitaciones humanas. Estos son los medios que consideramos eficaces para resolver el problema de la enseñanza popular, en pró de la cual consagraremos los insignificantes rasgos de nuestra pluma."

 

 

F.FORNARIS Y CESPEDES

Bayamo: Octubre 30 de 1866