Poesía de José Fornaris

EN LA MUERTE DE MI HERMANA

JUANA FORNARIS DE CESPEDES

 

Fuimos dos flores de un ramo,

Fuimos dos aves de un nido…

¡Cuan injusto el hado ha sido

En separarme de ti!

Nacimos en una misma orilla

I con la misma suerte…

¡Debió el golpe de la muerte

Herirme tambien a mí!

 

Antes de morir, bien mio,

Yo te dejé en mis hogares;

La ausencia, montes i mares

Interpuso entre los dos:

Pensé verte en otros días

A la luz de nueva aurora;

Mas entre los dos ahora

Coloca una tumba Dios.

 

Una lagrima de amores

De un vivo dolor nacida,

A mis ojos encendida

Viste asomar al partir;

Tal vez lloraba tu muerte

En este pesar impío;

Tal vez el alma, anjel mio,

Reposaba en el camino

De verde yerba en la alfombra,

Entre flores, a la sombra

Del frondoso cuajaní;

I viendo saltar las aves,

I evaporarse el rocío,

I correr sereno el rio,

Me puse a pensar en ti.

 

Cruzé la márjen del Yara,

I sediento y fatigado

Sobre una roca sentado

Miraba el limpio cristal:

Vi la garza en sus orillas,

Oí trinar el sinsonte,

I ví a la falda del monte

Estenderse el yareyal;

 

Surqué la mar borrascosa,

Divisé tierras estrañas,

I gigantestas montañas

Entusiasta recorrí;

I por las tardes de Julio,

Alzando triste la frente,

Con la luz del Sol poniente

Me puse a pensar en ti.

 

Cruzé las ondas del Cáuto

Sobre la barca lijera,

Por cojer en la ribera

El dorado caracol;

Ví que los remos batían

Otras índcas piraguas,

Resbalando por las aguas

Al postrer rayo de Sol;

 

Al fín, llorando mis penas

En mis noches de vijilia,

Recordando mi familia

De la Habana el cielo ví;

Miré las serenas aguas

Del cristalino Almendáres,

I al soñar con mis hogares

Me puse a pensar en ti.

 

Brisas de Agosto, en moribundos jiros

Antes que el pecho de dolor sucumba,

Vosotras que la visteis en la tumba

Llenadme de sus últimos suspiros.

 

Anjeles que velais por los despojos

De una mujer tan pura i hechicera,

Dadle a mi corazón siquiera

El llanto postrimero de sus ojos.

 

Impresa permanece en mi memoria,

Como ántes vive, en mi interior la siento;

Como el sueño dorado de la gloria

Inunda con su luz mi pensamiento.

 

Unidos a llorar nuestros pesares,

Venid, venid, familia sin ventura,

Entre tristes delirios de ternura

Venid a estar con ella en mis cantares.

 

Como el fuego puro i sacrosanto

Vírjen Vestal cuidaba en otro día,

¡Siempre guardemos su recuerdo santo!

¡Siempre lloremos a la hermana mia!

 

 

Habana, 1853.